🐰 Un conejito en mi cuenco portaovillos
Poco después de terminar a Miffy, fui con unas amigas a Mamá Pottery Café, en Madrid (zona Nuevos Ministerios). Nunca había pintado cerámica (salvo una vez muy lejana en Pinta en Copas), así que no quise complicarme: elegí un cuenco portaovillos y lo pinté de forma sencilla (blanco y verde), sin dibujos, sin presión. El objetivo era disfrutar, desayunar algo rico (el roll de canela y el capuccino, espectaculares) y simplemente pasarlo bien.
Ahora el cuenco decora nuestro salón con Miffy sentada dentro. Aún no lo he usado como portaovillos, porque verlo así, con ella dentro, me hace feliz. Pero lo usaré, que esa es la idea.
Un mes después volví a Mamá Pottery con mis sobrinas y mi marido. Fue otro plan perfecto. Ellos también pintaron sus piezas: Valentina hizo una taza, Rocío una cajita, y mi marido un cuadro precioso con flores. Esta vez yo me animé con un plato… ¡y pinté un conejito! Estoy deseando recogerlo.
Y pensándolo bien… ¿será que me encantan los conejitos? Porque de pequeña no podía separarme de mi conejita de peluche.
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