Mis primeras conejitas de tela

Mis primeras conejitas de tela

Que sí. Que sé que no son las mejores fotos, que podrían ser mil veces mejores. Con un fondo cuqui, las conejitas sentadas tomando el té, el fondo de un campo… Y sí, también sé que no son las mejores conejitas de tela del mundo, que tienen las patitas remendadas, que el vestido está un poco regular… Pero si me pongo a pensar en todo eso, no publico el post. Y, peor aún, si me pongo a pensar en todo eso, ¡no las hago! Y si no las hago, no aprendo.

Bienvenidos a mi monólogo interno. Así he estado antes de ponerme a escribir este post. Quiero ser genial cosiendo, haciendo ganchillo, croquetas, jerseys, muñecos, pintando, dibujando, haciendo scrapbooking y hama… De todo. Me he puesto el listón súper alto, ¿no? Pues sí.

Sé que no voy a ser la mejor en todo eso (lo sé, lo acepto, nadie habla de ser la mejor, lo que quiero es ser genial, jajaja). Quiero estar contenta con lo que hago, con los acabados de mis muñecos. Me encantaría ser capaz de crear cosas con mis manos y disfruto muchísimo con el proceso.

Pero si no me sale bien, me frustro. Y tengo que aprender que la frustración es parte del proceso de aprender. Antes de Everest, primero todo empezó con Tosti, mi primer amigurumi. Cuando no era capaz de leer patrones ni tejer un cuadrado en condiciones. Por eso le quiero tanto, porque marcó el comienzo de una ilusión: hacer muñecos de ganchillo. Y estas conejitas que veis aquí marcan el comienzo de otra ilusión: hacer muñecos de tela.

El caso es hacer muñecos. Y ahora… ¡Ahora me voy a hacer croquetas!

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