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A ver, estaba yo en mi mundo feliz del ganchillo, quería intentar hacer la oveja (que se parece más a una coneja) de la que os hablé y había encontrado un ovillo de lana perfecto de un azul degradado que le venía divino. He empezado a hacerle un sombrero, que me estaba quedando maravilloso (o casi) y cuando se lo he ido a poner a la oveja, sorpresa, su cabeza es descomunal y el sombrero parecía una cagarruta encima. ¿Qué ha pasado? Que el grosor de la lana era distinto. Y ya está, punto pelota.

Día 3 del diario de #yomequedoencasa por el coronavirus. Estoy aprovechando para hacer cosas en casa, este parón me ha animado a dibujar un poco y he vuelto a ver la película Wall-E, una de mis favoritas. Además, me he animado a compartirlo en Instagram, ¿por qué no?

Segundo día de aislamiento en casa. Hoy quiero escribir en el blog sobre lo que está pasando en el mundo: el coronavirus ocupa todos los telediarios y tenemos que estar aislados en casa para frenar el número de contagios del COVID-19. 

He hecho una muñeca nueva dentro del #retogurumi, pensando en regalársela a una amiga, y, que no se entere ella (shhhh, no le digáis nada), pero no quiero regalársela. Bueno, ¡sí quiero que la tenga! Es que es un sentimiento contradictorio. Os cuento...

Terminé de hacer la conejita hace un mes, pero todavía no había subido un post sobre ella. La hice en unas tres semanas, pero me faltaba la zanahoria. Tardé dos semanas en hacerla, porque me puse con los muñecos de bebé de los que ya os hablé en otra ocasión. ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué había tardado tanto? Este post va a servir para analizarlo, o al menos intentarlo.

Una vez terminado el libro Aprende a hacer cualquier cosa de forma rápida en solo 20 horas tengo que decir que, en mi caso personal, solo me sirve la primera parte en la que el autor explica los pasos que él ha seguido para cada uno de los hobbies que quería aprender. Después, va enumerando y explicando el proceso de cada uno de ellos: tocar el ukelele, hacer windsurf, aprender programación, reaprender a escribir a máquina y jugar a un juego de mesa milenario súper difícil.

Antes de empezar a contarte de qué trata este post, me gustaría dedicarle un momento a la palabra “solo”. La he escrito sin tilde, con conocimiento de causa. Esto, hace unos cinco años, era falta de ortografía. Pero cuando la RAE decidió quitarle la tilde siempre, en todos los casos, la falta la cometíamos todos los que nos aprendimos en el colegio la regla de “sólo” con tilde equivale a solamente, para evitar la ambigüedad en el caso de “solo” adjetivo. Bien, pues como es llana, “solo” no lleva tilde.

Gracias al blog estoy retomando contacto con la escritura otra vez. Es genial. Las palabras fluyen dentro de mí y me apetece un montón escribir. Edu dio con la clave el otro día: “cuando escribes pensando que nadie te va a leer, lo haces sin presión”. ¡Y es verdad! Ha dado justo en el clavo… y yo no lo sabía. 

Al principio quise titular esta entrada como “Desastre”, luego como “Frustración”, pero según pasaban los días y todo se relativizaba, como suele pasar, pensé en la importancia de las palabras y quise rebajar el nivel de gravedad del asunto, que la verdad es que no tiene ninguna.

Uy, no escribo desde el día 8 de diciembre, pero eso no significa que no haya seguido con el ganchillo. De hecho, estoy a punto de terminar el segundo amigurumi en tiempo récord. Lo que pasa es que en estas fechas me ha sido más complicado subir el post con el proyecto, pero voy a recopilar lo que llevo hecho hasta el momento para contaros lo antes posible.